Cinco voces de exilio de una excolonia española convertida en dictadura

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El 12 de octubre de 1968, Guinea Ecuatorial dejaba de ser una parte de España en África y se convertía en país independiente. Este viernes se cumple medio siglo de aquel acontecimiento histórico, pero en ese tiempo las enormes expectativas iniciales sobre el futuro de la excolonia se han convertido para la mayor parte de los ecuatoguineanos en una gran decepción. Es un país pequeño, de 1,2 millones de habitantes, que solo ha conocido regímenes dictatoriales encarnados en dos presidentes, Francisco Macías (1968-1979) y su sobrino Teodoro Obiang, quien lleva 39 años en el poder tras derrocar y fusilar a su tío. Al menos 100.000 ecuatoguineanos residen en el exterior, en torno al 60% de ellos en España.

El descubrimiento y explotación de petróleo, que proporciona ingresos millonarios al círculo de Obiang desde hace 20 años, lo cambió todo. Con el PIB per cápita más alto de África, según los datos del Banco Mundial, el dinero que mana de los pozos apuntala a un régimen al que organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch acusan de constantes abusos y violaciones de los derechos humanos. Caos, años perdidos, dictadura, cleptocracia o miseria son los términos que usan algunos miembros de la diáspora para calificar estos 50 años de independencia. Estas son sus voces.

Parece cansado, pero no pierde la ironía. Delante de un descafeinado en una cafetería madrileña, el profesor Bolekia, de 63 años, se toma siempre su tiempo antes de responder. “Estos 50 años han sido un caos, sin horizontes, sin una política definida, sin la más mínima preocupación por el bienestar de la población, incrementando las diferencias étnicas. Hay personas que mueren a manos de la policía o los militares, la educación pública es un desastre, los medios de comunicación están atenazados por el régimen, la justicia amordazada, hay violaciones de niñas que quedan impunes”.

Dibuja un panorama desolador y comenta el reciente secuestro de dos ecuatoguineanos en Togo o el intento de asesinato de un opositor en Londres. Hace apenas tres días. “Tenemos una renta per cápita elevada, pero no hay agua potable ni luz para todos. Han sido 50 años de cinismo absoluto, de persecución de otras etnias como la bubi, satanizada por el régimen, pero también de la oposición”, explica.

En pocos días va a cumplir 50 años, los mismos que su país. Sin embargo, salió de Guinea Ecuatorial en busca de aire para respirar y ahora reside en una localidad próxima a Madrid. Harta del silencio, decidió hablar. “Somos un grupo de personas, sobre todo mujeres, que nos hemos decidido a denunciar lo que sufrimos en Guinea Ecuatorial. Estamos cansadas de tanta injusticia, de ver que el país no avanza. Grabamos audios y los distribuimos a través de las redes sociales y el WhatsApp. Allí los medios de comunicación no funcionan, todo lo que sacan es alabando al dictador. Para limpiar tanta suciedad necesitamos a las barrenderas”.

Habla y habla de la grave situación que vive la mujer en Guinea. “Nunca hemos tenido el lugar que merecemos. Sufrimos una gran violencia sexual, el sexo es el medio para alcanzar trabajo, cualquier cosa. Y luego no tienes derecho a nada. Cuando era joven mi novio me pegó un puñetazo y me tumbó dos dientes, le puse una denuncia y dijeron que eran asuntos domésticos. Queremos recuperar nuestra república, que haya justicia”, comenta.

Reside desde hace años en Estados Unidos, desde donde trata de presionar para que se respeten los derechos humanos en su país. “Han sido cinco décadas perdidas para un pueblo que sigue luchando por su libertad. Pasamos de ser un país subyugado por su colonizador a ser un país oprimido por dos dirigentes, uno autócrata y esquizofrénico [Francisco Macías Nguema], y el segundo, autócrata y cleptómano [Teodoro Obiang]. Cincuenta años de fracaso que pudo haberse evitado, y que aún se puede enderezar”.

Tutu Alicante, de 45 años, se muestra optimista, convencido de que las cosas pueden cambiar. “Deseo que este 50 aniversario contenga la chispa necesaria para sobreponernos una vez más a lo que algunos podrían equivocadamente confundir con la fuerza del destino. El pueblo de Guinea Ecuatorial ha esperado demasiado tiempo pero seguimos luchando por tener gobernantes que antepongan el bien común a sus intereses particulares y que se guíen por las leyes y normas democráticas, en vez de sus crueles designios”.

Acaba de pasar seis meses en prisión por atreverse a caricaturizar a Teodoro Obiang, pero su estancia en la temible cárcel de Black Beach no ha hecho mella en su discurso crítico con el régimen. “Muy pocos serán los que se atrevan a discutirnos la realidad que nos ha tocado y todavía vivimos política y socialmente hablando: dictadura”, dice. Nacido en 1977, Esono Ebalé se encuentra en Barcelona, desde donde asegura que “toda mi vida, por desgracia, solo parezco poderla contar desde una perspectiva dictatorial. Llegando a ser esa razón la primera que me hace enfrentarme a ella. La conozco. Ella me conoce. Entonces trato de demostrar que puedo existir más allá de mi personalidad desarrollada dentro de una dictadura”.

Añade que la clave está en la cabeza de cada uno. “Creo que el futuro llevo viéndolo desde que decidí comenzar a caricaturizar al actual jefe de Estado con la sana intención de derrocarle. Y es que lo derroqué en mi mente hace siglos. Ese es un paso muy importante a dar para que derrocarlo realmente sea una opción de cambio”.

Desde las páginas de Diario Rombe, Delfín Mocache, de 35 años y residente en España, se lanza cada día con más voluntad que recursos a contar aquellas noticias que sabe que nunca se publicarán en su país. Ha seguido desde cerquísima el proceso judicial en Francia por corrupción contra Teodorín, hijo del presidente Obiang, y saca sus propias conclusiones. “En estos 50 años no ha habido ningún cambio que beneficie a la población. Se descubrió petróleo, pero sus réditos son para el clan que gobierna el país. Sí, se han hecho obras públicas, pero nada en cuanto a desarrollo social y personal. Hay hambre, hay miseria, hay discriminación de grupos étnicos que no sean los fang”.

A Mocache le preocupa la “continuidad” del régimen. “Queremos que todo el dinero expoliado por este clan vuelva al país. El problema es que habrá dictadura por mucho tiempo, hay pocas posibilidades de cambio, todo está en manos de una familia y son ellos quienes se pelean por colocar a uno o a otro en el poder. Es imposible que haya un cambio real si el pueblo no se levanta. Pero hay una gran pasividad y la oposición está desunida”

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