Rusia sí repatria a las familias del ISIS

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Patimat Jairullaeva prefiere no pensar en la vida que sus cuatro nietos tuvieron en Siria. Hoy, los críos de entre 13 y dos años están con ella. En la casa de un pueblo de Daguestán, en el Cáucaso, en la que también creció su madre, Zaguidat Abakárova. La mujer, su marido y dos de los niños viajaron en 2014 a Siria para unirse al autodenominado Estado Islámico (ISIS). En octubre de 2017, ya viuda, Abakárova, de 34 años, y cuatro chiquillos, volvieron a Daguéstán en el convoy que inicio el programa de retorno de niños y mujeres del llamado califato, con el que Rusia ha repatriado al menos a 170 personas, la mayoría menores. Es el país que más ha retornado. “Aquí están bien, están conmigo, van a colegio, se van recuperando”, dice a abuela Patimat por teléfono.

Con el colapso de la organización terrorista y la pérdida de control de los últimos parches de territorio en Siria, miles de mujeres y niños que habían sido el capital humano del ISIS fueron siendo trasladados a campamentos como el de Al Hol, en el noreste Siria, que hoy se ha convertido en un foco de tensión y en el que viven unas 73.000 personas –el 92% mujeres y niños– en condiciones miserables. En ese y otros campamentos sirios viven unos 12.000 menores y mujeres extranjeros; no pocos de ellos huérfanos, según estimaciones del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización. Y otro millar de niños con al menos uno de sus padres extranjero vive en campamentos o prisiones iraquíes. Tunecinos, rusos, franceses, marroquíes, alemanes, británicos. O españoles, como Yolanda Martínez, Lubna Miludi y Luna Fernández y los 15 menores a su cargo que permanecen en Al Hol.

Hoy, sus países de origen debaten qué hacer con ellos, aunque la mayoría rechaza la vuelta de quienes viajaron para unirse a los yihadistas del ISIS. Francia ha repatriado a unos cinco menores huérfanos, Alemania retornó la semana pasada a varios; también Reino Unido devolvió a “un grupo pequeño” de niños británicos, según contestó el Gobierno a una pregunta parlamentaria el 9 de abril, tras la gran polémica por la muerte en uno de esos campamentos del bebé de una británica que viajó a Siria siendo adolescente para unirse al ISIS y a la que la Administración ha retirado la nacionalidad.

Rusia, el segundo país (después de Túnez) con más nacionales en las filas del ISIS en Siria e Irak unos 4.000, según declaró el presidente ruso, Vladímir Putin y otros mil de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central, fue pionero en esos programas de retorno, encabezados por el líder de Chechenia, Ramzán Kadírov, aliado de Putin y cuyo régimen está bajo el foco internacional por violaciones de los derechos humanos. Desde 2017, organizó 11 vuelos especiales desde Siria e Irak con una veintena de mujeres y más de un centenar de menores a bordo. A principios de 2018, tras las reticencias de destacados funcionarios de los servicios de seguridad rusos, se suspendieron.

Los viajes se reanudaron el pasado diciembre, gestionados ahora desde Moscú y con un cambio importante, destaca Tanya Lokshina, directora asociada de Human Right Watch para Europa y Asia Central: ahora solo vuelven menores; y más recientemente, solo nacidos en suelo ruso. “Rusia ha tenido un programa muy activo. La repatriación de niños debe ser una prioridad para todos los países”, incide la experta. En el último vuelo, en febrero, viajaron desde Irak a Moscú 27 menores de entre cuatro y 13 años.

Los chiquillos pasan casi siempre a vivir con sus abuelos o tíos, como los nietos de Jairullaeva. Las mujeres retornadas afrontan consecuencias distintas en función de su región de origen. El presidente de Chechenia –una región de mayoría musulmana– prometió que si se arrepentían serían perdonadas sin ninguna carga penal porque, según su premisa, como esposas musulmanas debían seguir a sus esposos. Y así ha sido. En Daguestán, también de mayoría musulmana, las cosas han sido distintas.

Abakárova ha sido condenada a ocho años de prisión por “participación en un grupo armado ilegal”; aunque no tendrá que cumplir la pena hasta que su hija menor, ahora de dos años, cumpla 14 años. La mujer ha mudado a Chechenia. “Nos dijeron que si al llegar firmaba una confesión la dejarían ir, pero no ha sido así, aunque al menos está sana y salva”, recalca la abuela Patimat desde Daguéstán, una región de unos tres millones de habitantes de la que salieron unas 1.200 personas para unirse al ISIS.

El programa de retorno con el que volvieron Abakárova y sus hijos no admite hombres, pero distintos analistas calculan que unos 500 yihadistas rusos del ISIS han vuelto de Siria. Unos 400 hasta principios de 2017, según un informe del Soufan Center. La mayoría están en prisión, aunque también hay casos de hombres que firmaron una confesión de arrepentimiento y están en casa, asegura Sevil Novruzova, miembro del Consejo antiterrorista de Daguestán y directora del Centro de Reconciliación y Armonía de Derbent. De hecho, esta abogada asegur que ha ayudado a volver a varios. “Son gente, que se dio cuenta de que no va a haber ningún califato sino pura barbaridad. Entienden que pueden profesar Islam pacíficamente en Rusia”, dice por teléfono Novruzova. Se les somete a una extensa vigilancia y son susceptibles de ir a prisión más adelante. Son casos extremadamente polémicos.

Los analistas sostienen que con los programas de retorno, Rusia prefiere tener a los menores y a las mujeres en su territorio que afrontar la radicalización de sus nacionales en el extranjero, pero su vuelta se ha convertido en algo controvertido también. El pasado noviembre, el director del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB), Alexander Botnikov, alertó del peligro de esos retornos. “No es ningún secreto que esas mujeres, e incluso los menores, son utilizados como reclutadores, atacantes suicidas, para perpetrar ataques”, dijo.

Tras el vuelo de febrero, se estima que quedan al menos 1.779 mujeres y niños rusos en Siria e Irak que desean regresar, según una carta que Jeda Saratova, la portavoz del Consejo de Derechos Humanos de Chechenia (un organismo oficial), envió al Ministerio de Exteriores en Moscú.

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